El nuevo trabajo discográfico de Roberto Iniesta Ojeda, aka Robe, llega en mitad del huracán mediático provocado por el propio compositor, músico y escritor placentino. El pasado mes de marzo mandó a tomar por culo la gira de despedida de su banda nodriza, motivo por el cual aprovecha para publicar su tercer larga duración en su particular impasse musical. La grabación, realizada hace dos veranos, se plantea como una canción igual que hizo con el mítico Pedrá (DRO, 1995) hace más de un cuarto de siglo, presentada la misma como la segunda parte del disco La Ley Innata (Warner Music, 2008) de la banda cacereña Extremoduro. En su nueva obra dividida en cuatro movimientos con un interludio y una coda final como desenlace, el músico se expande gustosamente con una sinfonía apabullante y sobresaliente a partes iguales con un temario filosófico donde el diálogo marca la pauta. Junto a Iniesta firman la música Lorenzo González a la voz, Álvaro Rodríguez al piano y al Hammond, David Lerman al bajo, Carlitos Pérez al violín, Alber Fuentes a la batería y a los coros y Woody Amore a la guitarra, siendo éste último la única novedad registrada en la banda con la que grabó sus dos anteriores álbumes en solitario, ejerciendo también aquí como productor. El primer movimiento nos muestra casi nueve minutos supremos en lo que a musicalidad se refiere, pues los arreglos, el violín y la combinación de instrumentos brilla de manera aplastante. Continúa el segundo movimiento que sirvió como anticipo con una seguridad excelente, pero llegamos hasta el tercer meneo de locura superando los diez minutos de imaginaciones literarias. Y un cuarto pasaje para rematar una faena durante casi quince minutos de puro goce instrumental que provoca un sinfín de emociones para sus seguidores más talibanes. Con una guitarra puramente rockera y un teclado endiablado, Robe lidera una formación que te coge de sopetón para soltarte reconfortado y convencido de haber escuchado el mejor LP en solitario del peculiar genio extremeño.

Alfredo Rodríguez