En ocho años el quinteto de Essex se ha convertido en uno de los grupos de rock más piropeados en las islas británicas. Tras su homónimo debut con el que consolidaron una base, se asentaron definitivamente en la escena con su exitoso segundo disco Broken Machine (RCA Records, 2017), el cual contenía su incontestable single ‘Amsterdam’ con el que triunfaron el territorio internacional. En su tercer LP apuestan todo a una carta como si estuviesen en un casino con un puñado de libras a altas horas de la madrugada. El tiempo dirá si ganan su partida o lo pierden todo, pero están en esto para jugar. Sus giras con Muse y Biffy Clyro se ven reflejadas en unas poderosas canciones donde alternan guitarras con sintetizadores como si llevasen haciéndolo toda la vida. Sin ir más lejos, basta con escuchar el tema ‘Phobia’ para recordar a la  celebrada ‘Uprising’ de sus colegas Bellamy, Wolstenholme y Howard. Y aunque las comparaciones son odiosas, es imposible no encontrar reminiscencias a las citadas bandas, además de otras como Royal Blood y Blood Red Shoes. Pero con todo y con eso, aportan grandes temas como ‘Is Everybody Going Crazy?’, ‘Real Love Song’, ‘Impossible’ y ‘Unperson’, los cuales suenan arrebatadores y cautivadores por igual. Su parte lírica vuelve a ser una de sus mejores bazas, abordando todas las emociones que van desde la rabia a la frustración, pasando por el amor. Destacar la gran labor de su vocalista Conor Mason, quien brilla de principio a fin ejecutando su poderosa garganta de forma magistral, tanto en la partes melódicas como en las más aguerridas. Los demás instrumentos tienen especial protagonismo gracias a la producción de Mike Crossey (Arctic Monkeys, The 1975, Foals), quien conoce su sonido e intenciones después de trabajar con el grupo en su segundo disco. Con todo a su favor para triunfar, queda esperar su éxito masivo gracias a sus deslumbrantes nuevos cortes.

Alfredo Rodríguez