El sexteto publica su disco número dieciséis en diez años de carrera musical. Sí, has leído bien, el grupo King Gizzard & The Lizard Wizard ha lanzado quince álbumes hasta la fecha, si bien, en lo que llevamos de año no teníamos ninguna referencia. Pero claro, no todo iba a ser tan intenso como hace tres temporadas, cuando publicaron cinco trabajos en doce meses. En el largo que nos acontece quizá lo más destacado es la salida del grupo de Eric Moore, manager y uno de los dos baterías de la formación australiana. Contra todo pronóstico su espantada se produjo el pasado mes de agosto, si bien, continua ligado a sus ex-compañeros trabajando en Flightless Records, la disquera de la formación oceánica. En lo musical nos topamos con una decena de canciones en las que siguen jugando con la psicodelia, esta vez incorporando nuevos sonidos como house turco y western microtonal. La pandemia ha sido el detonante de los temas, compuestos y grabados por cada uno de los miembros desde sus casas repartidas por Melbourne, dando buena cuenta de la música tradicional árabe, explorando su lado más inquieto. Con un par de temas marca de la casa en el inicio del track-list como son ‘Automation’ y ‘Straws In The Wind’ (ojo a ese maravilloso sitar), quizá cueste enfrentarse a los mismos debido a su densidad y pesadez sonora, pero todo coge forma y sentido en la parte central del cancionero donde se muestran más experimentales si cabe. Si tuviésemos que escoger un tema nos quedaríamos sin dudarlo con ‘Intrasport’, donde ponen todo patas arriba gracias a un hit bailable que podría estar firmado por los ingleses Hot Chip con unas brillantes armonías orientales. Puede que no sea su mejor trabajo discográfico hasta la fecha, pero vuelven a facturar uno de los LP’s más audaces de la temporada.

Alfredo Rodríguez