Parece mentira que en abril del año pasado los irlandeses debutasen con su largo Dogrel (Partisan Records, 2019) porque llega el verano del año siguiente y nos sorprenden con su segundo disco. Poco más de doce meses les ha bastado a este intrépido quinteto para registrar uno de los largos más esperados de la temporada que se ha convertido, también, en uno de los más celebrados. En esta ocasión ratifican su gran estado de forma con once canciones en las que tienen de todo, para (casi) todos: desde reminiscencias a sus compatriotas U2 en ‘A Lucid Dream’, pasando por pinceladas a los norteamericanos The Strokes en ‘Living In America’ y ecos a los ingleses The Fall en ‘I Was Not Born’. Sus claros sonidos post-punk, indie y punk, pasados bajo su propio filtro, atisban la grandeza de un grupo que ha sabido confeccionar un álbum del que se esperaba mucho. Parece que la parte inicial del cancionero empieza fuerte con ‘I Don’t Belong’, ‘Love Is The Main Thing’ y ‘Televised Mind’, pero según avanzan los minutos el resto de temas también se convierten en necesarios para disfrutar del listado total. Con sus poco más de cuarenta y cinco minutos incluidos en su segundo LP, el quinteto muestra y demuestra que van en serio con unas grandes bases rítmicas donde el bajo marca la pauta, las guitarras adictivas se incrustan en tu cerebro y la voz, tan peculiar como enigmática, hace que todo conjugue a pedir de boca. La intensidad que escuchamos se consigue en una segunda grabación tras desechar la primera en Los Ángeles, registrando la nueva con Dan Carey, responsable de sacar el máximo rendimiento a los grandes momentos con distorsiones y baterías aceleradas que podemos disfrutar gracias a la combinación con letras directas, siendo un trabajo oscuro y exigente.

Alfredo Rodríguez