Llegados a este punto de una carrera musical, podríamos esperar un disco con un buen puñado de hits con los que contentar a sus seguidores, pero Florence Welch ha preferido buscar su particular sonido y asentar sus sentimientos en su cuarto largo High Is Hope (Virgin EMI, 2018). La cantante y compositora llega hasta la treintena huyendo del alcohol y las drogas que antaño usaba para evadirse de sus sentimientos, siendo ahora consciente de que la música es su verdadera vía de escape a la soledad. Prueba de ello son algunas canciones como ‘Grace’ (con la colaboración de Sampha), donde pide perdón a su hermana y ‘South London Forever’, donde recuerda a su madre a la hora de enfocar su carrera. El poder femenino aparece en varias partes del álbum, como puede escucharse en ‘Patricia’, donde la británica homenajea a la estadounidense Patti Smith, corte que sonará intensamente en sus conciertos. Con grandes dosis de honestidad logra combatir sus demonios a base de canciones, controlando su garganta sin sonar tan agresiva como en sus anteriores referencias. Parte de ese manejo se debe a su trabajo con Emile Hayne (Eminem, Lana del Rey, Mark Ronson), quien consigue darle la vitalidad necesaria a las cuerdas vocales de una artista que controla como pocos su potencia a la hora de cantar. Cabe mencionar el trabajo de un Kamasi Washinton en estado de gracia encargándose de los arreglos de viento, Tobias Jesso Jr. co-escribiendo algunos temas y aportando su destreza en los teclados y Andrew Wyatt (Miike Snow) haciendo lo propio con el piano. En resumen, Welch combina misticismo con delirios del alma y experiencias en un listado de canciones que no hacen sino aumentar su magistral carrera musical, dando más luz a sus tormentosas historias oscuras, hablando más de lo mundano que de la épica en unos temas repletos de emociones.

[Texto]: Alfredo Rodríguez