La cantante canadiense lanza su noveno álbum tras un período de ocho años de silencio discográfico tras su edulcorado Havoc and Bright Lights (Sony Music, 2012). Cuando se cumple un cuarto de siglo de la publicación de su obra cumbre Jagged Little Pill (Maverick, 1995), su tercer largo que acumula 35 millones de copias vendidas, la cantante, guitarrista, compositora, productora y actriz reaparece con nueva música. Aprovechando la reedición conmemorativa de su citado tercer LP, muestra su cara más cercana contando sus sentimientos desbordados entre su vida laboral y familiar como recita en el primer corte ‘Smiling’ (“Este es mi sonido tocando fondo”). Cuando muchos esperaban una vuelta de tuerca en su particular carrera musical, Alanis centra su sonido en una producción limpia y cuidada a cargo de la joven Alex Hope (Marina and the Diamonds, Alec Benjamin, Tegan and Sara), quien repite demasiado la fórmula de la balada fácil, configurando un listado de once canciones que se convierten en lineales, planas e incluso aburridas. Dicen las malas lenguas que sus años de ausencia discográfica han sido consecuencia de temas personales como la maternidad, el insomnio y la falta de creatividad, pero lo cierto es que su resultado no será capaz de atraer a posibles nuevos oyentes, aunque sí hará las delicias de sus seguidores de siempre. Con arreglos muy cuidados en algunas ocasiones (‘Missing The Miracle’), Morissette centra su nuevo repertorio en las letras, dejando de lado las canciones con gancho que facturó en sus discos registrados en los años 90. En su afán por reivindicar el poder de la mujer llegada a una cierta edad y compaginar su vida personal con su arte, muestra su cara más humana y sincera con buenas letras pero, en general, el disco es tan dramático y sincero que termina cansando.

Alfredo Rodríguez