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CONCIERTOS |
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THE RAVEONETTES + THE BLACK BOX REVELATION Heineken. Madrid. 03.02.2010 Texto: Álvaro Martín / Fotos: Alfredo Rodríguez |
La gran novedad (y riesgo) que impregnó el lanzamiento el pasado mes de octubre de In And Out Of Control (Vice/Fierce Panda Records, 2009), el quinto álbum de estudio de The Raveonettes, fue la apertura de puertas de su sonido a caminos más espaciosos y menos agrestes, puliendo la oscuridad inquietante que había marcado el dúo danés como seña de referencia hasta ahora. A su favor: su música es mejor recurriendo a una aparente y extrema sencillez compositiva. En contra: ¿van a suprimir por completo en el siguiente disco cualquier atisbo al noise ? Tras unas últimas visitas desangeladas -hace casi dos años Sune Rose "actuó" afónico y la hermana de Sharín Foo sustituyó a ésta en un festival veraniego, por motivos de embarazo-, los fans - suficientes para colgar el cartel sold out en las puertas de la sala-, necesitaban una demostración holgada que exhibiera su pop mayúsculo y agridulce sostenido a punta de lanza por las 12 cuerdas de ambos. Los daneses lo cumplieron a medias. |
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Antes, el show de The Black Box Revelation, teloneros que venían a presentar Silver Threats (T For Tunes/PIAS Spain, 2010), podría analizarse como dos partes de una película interpretada por el dúo belga: en la primera, encomendados al virtuosismo del baterista Dries Van Dijck, quien no dudó en hacer gala de sus habilidades en temas como 'Run Wild' o 'You Better Get In Touch With The Devil'. Llegado el momento, la guitarra y la pedalera del cantante Jan Paternoster tomaron las riendas en 'High On A Wire‘, con su instrumento "maullando en celo" sobre la base rítmica. Casi imitando (en formas) al maestro Hendrix con 'I Think I Like You' o en una alocada 'Set Your Head On Fire' (también de su primer disco homónimo editado en 2007), pusieron punto final a una actuación de casi tres cuartos de hora. Garaje, blues, rockandroll... Nada nuevo, cierto (y encima inevitable la comparación con minimalistas del gremio como White Stripes o Black Keys), pero su actitud y buenas maneras engancharon de forma notable. |
The Raveonettes son como una cajita de bombones rellenos de licor ácido y rematada con un lazito rojo el día de San Valentín: un banquete dulce con cierto regustillo agrio tras un empacho. Así fue su actitud en escena, una postal de cuento firmada con una sucesión de melodías bañadas en momentos puntuales con una distorsión pretenciosa que no cuajó del todo dentro de la dinámica general del concierto. Y es que la banda "en vivo" (les acompañan un batería multiusos y un bajista) tiene potencial para mucho más: Sune y Sharin (que tocó de todo menos el bajo) se mueven poquito. Muy poquito para lo que se traen entre manos. Y sus dos "compis" les siguen el juego con paso marcial, claro. El sonido no cuajó por una sencilla razón: mayor potencia no encaja siempre en las bielas que impulsan más claridad o transparencia sonora. Un bajo embarrado entraba y salía de los temas y los riffs afilados que marcan el carácter tempestuoso de sus canciones sonaban a veces lejanos en los acordes previos al éxtasis, momento en el que entraban ahogando con una excesiva sobresaturación el espacio acústico. Y sí, hay que mencionar (una vez más) a la sala, y no sólo al técnico, al mencionar estos problemas. Una pena porque las melodías guitarreras brillaron a gran altura en los temas con una estructura más homogénea (los que venían a presentar). Tras abrir con 'Gone Forever', recordaron su primer disco Whip It On (Columbia Records/Sony, 2002) con 'Do You Believe Her', 'Veronica Fever' y 'Bowels Of The Beast'. Una percusión incandescente con efluvios tribales (sin bombo y con mazas) incitó a mucha gente a bailar los nuevos himnos, alternando momentos intensos cuando la herencia de Jesús & Mary Chain o Sonic Youth salía a flote. Habían avisado con cierta candidez en 'Dead Sound', pero donde los fans se lo pasaron "teta" (sólo faltaba la serpentina y la brillantina) fue con 'Bang!' y 'Boys Who Rape (Should All Be Destroyed)' -un diez para las armonías vocales aquí- y, ya en bises, con 'Last Dance'. En 'Break Up Girls!', panderetas en mano, invirtieron la esencia de la canción: todo el estruendo, que a modo de introducción abarca la mitad del tema, se situó detrás de la parte vocal, transformado en cierre del a canción entre una lluvia de flashes luminosos que emanaron del techo. Los acordes aceitosos, espesos y humeantes de 'Heart Of Stone' trajeron una novedad: Sharin se puso al mando de la batería (al igual que en 'The Beat Dies'). Después, a mitad del concierto, desgajaron un tiempo muerto en la intimidad de una sala semioscura, "capando" 'Little Animal' (interpretada por Sune con la única compañía de su guitarra) y syu compañera hizo lo propio con 'Oh, I Buried You Today'. Volvieron los ecos countries con 'Love In A Trashcan' y abrazaron la psicodelia con ese acercamiento al trip-hop envolvente llamado 'Aly, Walk With Me'. Los bises sólo sirvieron para redondear a unos escasos 60 minutos su actuación completa: tras la citada 'Last Dance', sonó 'Attack Of The Ghost Riders' y se despidieron con un sobresaliente bajo dominando ese ya clásico llamado 'That Great Love Sound'. Veremos en que liga juegan la próxima vez. |
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