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CONCIERTOS |
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THE SUNDAY DRIVERS + WILD HONEY La Riviera. Madrid. 20.11.09 Texto: Álvaro Martín / Fotos: Cristinfunchi |
¿Quién dijo crisis? (¿económica o musical?). Lleno absoluto, a rebosar. Gente "apretujada" en las escaleras y accesos y la zona vip abierta para acoger a los últimos rezagados en entrar. Sí, es prácticamente imposible que un grupo como The Sunday Drivers pueda llenar un Palacio de Deportes, pero de momento ya han llegado hasta aquí. Una sala madrileña con uno de los mayores aforos de la capital. Ésta era su particular plaza de toros de Las Ventas. Reto superado con creces. Original propuesta como aperitivo con Wild Honey, proyecto en solitario de Guillermo Farré, quien ya teje letras y composiciones en Mittens (banda madrileña de pop dulce clásico y atemporal). Un "yo me lo guiso, yo me lo como" que tiene recién estrenada referencia discográfica, Epic Handshakes And A Bear Hug (Lazy Recordings, 2009), con una brillante producción realizada en Nashville a cargo del productor y bajista Brad Jones. Como dato de aproximación, podría interpretarse como la banda sonora de una película protagonizada por un vecindario donde compartan piso unos resacosos Belle And Sebastian con unos Beatles, Byrds o Beach Boys (época post- Pet Sounds), bajo la atenta mirada de un hipotético casero Phil Spector. Si Guillermo coloca airoso todas las piezas del puzzle en la grabación (se ocupa de todos los instrumentos y, obviamente, es la voz cantante), por pura lógica, dos manos no son suficientes para pergeñar todo el preciosismo que destila el disco en el escenario. Ahí es cuando surgen compañeros de fatigas y colaboradores. El cuadro, a pesar de los nervios que les acompañaron, se dibujaba así: Anita Steinberg (cantante de Mittens) a los coros, xilófono, melódica, teclados... Cristina Gómez en la parcela de rítmica con pandereta, cascabeles y huevo de percusión y Alberto Mate a la guitarra eléctrica. En el medio de todos, Guillermo con su guitarra acústica y ukelele de prestidigitador de música hawaiana, intentando olvidar las dimensiones del escenario. Pizpiretas ellas a la izquierda del "jefe", y ellos, cuerdas y mástiles en mano, desacomplejados ante una audiencia expectante. Es obvio que su propuesta ganará muchos enteros en una sala reducida, pero finalmente el encanto y la calidad sobresalieron entre las conversiones de un público próximo que se dejaba seducir entre copa y copa. Y, ¿de qué hablaba un repertorio que homenajea al pop con mayúsculas? Seremos " ñoños" (irónicamente) por una vez y acertaremos si hablamos de fábulas con final feliz, cuentos de tono campestre, esas burbujitas flotando y la magia de las melenas mecidas por las brisas, (dos de sus más preciadas gemas, 'Brand New Hairdot' e 'Isabella', podrían definirse como "nanas de hamaca"). En definitiva, pildoritas de corta duración, edulcoradas, terminando siempre cuando arranca el punto de ebullición. Llegamos a uno de esos fenómenos que se ha expandido durante los últimos años y que traspasa las barreras de lo "alternativo", curiosamente cuando el pop/rock en nuestro país ha vuelto al castellano y parecía que cualquier atisbo musical de la década anterior había desaparecido de las primeras planas. Cinco músicos, habituales del circuito "independiente", que acceden cada vez a más hogares tras sonar como telón de fondo de algún anuncio, y cuya vida personal queda al margen de cualquier polémica o campaña promocional. En el plano estrictamente musical, la actitud de un grupo puede fluir por varias vertientes, en función de su particular modus operandi al actuar en directo. Quienes conocen la trayectoria del grupo saben que Jero y los suyos no gustan de discursos ni comunicados verbales accesorios. Lo suyo es emoción musical. Himnos, que decían los más antiguos del lugar. Las nuevas generaciones los llaman "temazos". Casi apuran un tema y están ya "digitando" acordes en los mástiles de sus instrumentos para arrancar con el siguiente. El primero fue 'Hola (To See the Animals)', pero desgranaron muchos más de The End Of Maiden Trip (Mushroom Pillow, 2009) como 'So What', 'I', 'Guerrilla' o 'Smile'. Pueden pecar de falta de originalidad en cuanto estructuras, pero el repertorio mantiene una coherencia aplastante. Con dificultad añadida: la abrumadora presencia de guitarras, que pone contra las cuerdas, nunca mejor dicho, la capacidad de síntesis del canal master que proyecta el resultado de conjugar las tres. En tareas de interpretación, hay que resaltar la capacidad de Lyndon Parish "importando" en escena matices de cosecha propia (se hace cargo de algunos sintetizadores también). En definitiva, cuesta creerlo, pero con una buena acústica, las canciones suenan casi mejor que en disco. Así de simple: el sonido fue apabullante, perfecto... el problema es que nos han malacostumbrado y ahora siempre es así, independientemente si es sala pequeña, grande o festival. Algo tendrá que ver también su equipo técnico, ¡chapeau! Y sí, puede que alguno pierda motivación al ver que tocan de "memorieta", pero eso no es más que el fruto de la profesionalidad y un trabajo previo entre bambalinas. No olvidaron repertorio significativo (tras el cuarto tema llegó el turno de 'Only In The Dark Days'), el incluido en Little Heart Attacks (Mushroom Pillow, 2004), los grandes clásicos del grupo (todo el respetable se dejó las gargantas con 'Do It', ‘'Paranoid' y ' On My Mind') y momentos electrizantes en forma de baladas ('Love, Our Love'), convulsiones epilépticas con Charlie Bautista dando cabezazos y mamporros contra el órgano Hammond ('So What') o duetos memorables ('Sing When You Are Happy'), con las voces de Jero y Parish, que repetirían en bises sorprendiendo con una deliciosa versión de los Beatles, 'In my life'. Se dejaron lo mejor para el final: Jero solito en el inmenso escenario estrenando acústica con 'The End Of Maiden Trip', la presencia sorpresa al piano de Julián Maeso (ex–componente de la banda) y dejaron que una ovación cerrada del público tejiese los acordes de una infinita 'Rainbows Of Colours', broche de oro para retratar el décimo aniversario de los toledanos. |
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