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CONCIERTOS |
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COSMONAUTS FESTIVAL Heineken. Madrid. 29.06.09 Texto: Álvaro Martín |
Acostumbrado el público a festivales y eventos de diverso pelaje, el colectivo Riot Cinema Collective organizaba doble sesión de conciertos con el fin de recaudar fondos para El Cosmonauta, un proyecto de largometraje que utiliza Internet para su financiación y distribución con la participación de cualquier persona. En este caso, la adquisición del bono o alguna de las entradas individuales de la cita, también convertía a los asistentes en "productores" del invento. He aquí lo que deparó la primera jornada, la del día 29, la más "rockera". Tras la presentación en clave de humor por parte del cineasta Nacho Vigalondo -continuaría amenizando al personal en todos los cambios de actuación posteriores-, Alex Ferreira anudó con valentía las raíces musicales de su guitarra a su desparpajo en el micro. Su pop-rock desenfadado y cotidiano bebe de muchas fuentes para intentar definir con precisión la cocktelera del dominicano. La inspiración del rock clásico pasado por el tamiz latino es evidente: a ratos busca la intimidad de la estrofa con rupturas rítmicas y en otros momentos se deja llevar por esa guía invisible que marca el compás de la canción enfocada más al baile. Sacó brillo a lo que tiene que llegar después de verano (su primer esperado larga duración) y sin duda esas guitarras que evocan pasajes cercanos al country destacaron dentro del conjunto, amén de ese inspirado tema llamado 'Club De Jazz' y una versión de 'Espérame En El Cielo' de Antonio Machín, maracas incluidas, que quizás hubiera sonado más evocadora y emotiva acompañada de una acústica y no de la eléctrica. La aún corta experiencia discográfica de Zoo tiene un acicate, y es que han demostrado que pueden acercarse sin prejuicios a las estructuras más clásicas del pop-rock sin perder su personalidad, cosechando además excelente nota si se valora el esfuerzo por ir más allá de lo evidente en cuanto a forma y contenido. El uso del teclado orgánico es un acierto en este sentido, pero en el directo el instrumento tuvo una presencia bastante discreta, muy por debajo del muro de sonido que ahora proyectan las dos guitarras (recordar que el antes batería Borja Burón porta ahora una seis cuerdas). Además, siguen mostrando debilidad por la "electricidad" más furiosa, la cercana al hardcore más envolvente. Momentos intensos que emborronaron algunas partes donde quizás el tema pide una inflexión más marcada para degustar la melodía del estribillo y sentir el cambio con el resto de la estrofa ('Ya Verás' o 'Todo El Mundo'). Por su parte, la voz principal, la de Daniel Arias -Borja canta en solitario algunas canciones o comparte con el mencionado otras-, opera como altavoz que "silabea" y enfatiza los párrafos más rabiosos y comprometidos cuando la canción lo reclama. Resultado de su actuación: sí, pero no. Havalina mide la precisión de su potencial mediante tres únicas coordenadas (sus componentes), que en realidad son dos: la guitarra y voz de Manuel Cabezalí y la potente sección rítmica de Javier Couceiro (batería) e Ignacio Celma (bajo). Precisamente la meticulosidad con la que el frontman escoge el modelo adecuado (no escatimó en cambios) o la precisión y buen gusto al utilizar el pedal de su instrumento, constituyen dos factores decisivos para moldear ese otro plano de la canción, aparte del que define por otro lado su voz. Todo un acierto porque los pasajes más emotivos de todo el festival correspondieron, en concreto, a los temas de su última referencia grabada: Imperfección (Origami Records, 2009) (en especial esa oda titulada 'Desinspiración'). Alternaron una melancolía abstracta perfilada por los ecos de las melodías que Cabezalí entonaba sin la compañía de su guitarra con ásperos y lisérgicos tramos ascendentes propios del rock desértico que sonaron como una lija durante varios minutos. El feedback con el público -casi al terminar parecía que la gente cabalgaba a horcajadas camino a ninguna parte con 'Tus huesos'- fue creciendo a medida que avanzaba el concierto, cuya columna vertebral parecía estructurada en base a las sensaciones que proporcionaba cada canción previa a la siguiente y no a un setlist determinado. En el extremo contrario a la propuesta "Havalinesca" y como colofón y perfecto broche final, la inmediatez de la propuesta más conocida a nivel comercial de todas las que desfilaron y cuya misión era mover al personal: Sidecars. Su rock "bailongo" refleja sonidos muy manoseados y clásicos en la historia del rock español (M-Clan, Pereza, Los Rodríguez...), pero hay que saber pergeñarlo con gracia y salero. Salieron a lo suyo, concentrados, impecables en la puesta en escena. Los "pildorazos" que se marcan, el orden en el que los sirven y el modo en que sienten sus composiciones son los factores por los que su directo, sin llegar a asumir riesgos formales, llega a buen puerto. Saben acompañar los momentos cumbres de cada tema, moviéndose a ritmo de la música con naturalidad o gesticulando con pose rockera, dejando al respetable a su aire e interactuando con él lo necesario. Sería injusto destacar un elemento por encima de otro, porque tanto los punteos de la guitarra de Manu como la personalidad de Juancho a la voz y la profesionalidad de César Pop a los teclados -el duelo con aires funky entre estos dos últimos durante 'Piso 16' arrancó aplausos a rabiar, para finalizar con la versión de Tequila 'Sábado A La Noche'-, son piezas necesarias dentro de su engranaje. |